miércoles, 14 de junio de 2017

Rte: El Atelier Postal

Comenzó un ciclo más de taller del área educativa en los Museos.


Luego de la huerta de 2015 en el patio y el Bestiario fantástico de 2016, el taller encontró su motivo vertebrador anual en la correspondencia postal como forma de conocer el mundo.
Si la primera experiencia se vinculó a habitar el Museo, a cultivar el patio, a intercambiar prácticas con los residentes del proyecto Cosecha y la Bienal, el segundo taller partió de la idea de poder ir y volver. Un sábado aquí y otro en “allás”, para engordar las criaturas híbridas que a través de un hermoso libro abultaron nuestro amor por dibujar, escuchar, escribir, pensar y jugar, ante todo jugar.

Este ciclo nos permite salir de otras maneras a lugares a los que la distancia geográfica no nos permite. Confiamos e indagamos lenguajes y experiencias que vienen hacia nosotros, al museo, justo cuando en la cocina de los Museos de Arte se planea una COSECHA que nos interroga: ¿el Museo es nuestra casa?

Los preparativos estuvieron en marcha aquel primer sábado de encuentro: un planisferio en la pared, tonos de ribete sobre aéreo en los estantes, una planta que crece de forma misteriosa en un rincón. Niñas y niños que arribaron a la sala postal, madres y padres expectantes:
"Yo les puedo traducir al italiano, yo al inglés, tengo unos primos en Praga, pueden escribir.
Cuando la cartografía se expande se parece a la frase "los amigos de mis amigos son mis amigos".
Somos tantos que casi que no entramos en la sala, pero sí. Surge la charla: cartas, postales, estampillas, buzones, cartas a poste restante. "Mi prima se escribía con el novio pero después no lo quiso más así que dejó de mandarle cartas, chocolates, corazones, todo".
Conocimos un poquito de la historia de la estampilla a través de unos libros para colorear que nos regaló el Correo argentino y repartimos cuadernos: será un año largo y de vínculos.


 Al segundo encuentro vinieron dos nuevas amigas, Marisa y Cecilia de Entremundos, dos geniales kamishibaiyas que nos regalaron la historia de un león que quería escribir una carta a su amada pero no encontraba el narrador correcto.


Al finalizar en encuentro de kamishibai los niños y niñas escribieron una carta a algún ser querido con estampilla personalizada. El cuento de las Entremundos termina cuando la leona le enseña al león la "A" de amor. Nuestro taller de ese día terminó con todas las letras. ¡Gracias Chicas por la hermosa labor que hacen!





Para el tercer encuentro afilamos la pluma. Nos esperaba en un rincón el hermoso buzón que el artista Federico Ritacco nos construyó para que reciba todas las cartas que nos quieran mandar. Eimi trajo de sorpresa un montón de correspondencias de la historia familiar de sus abuelos. Correspondencias de la década del 60 en adelante, invitaciones a cumpleaños de 15, postales con paisajes para que su abuelo no se olvide de un amigo. Serena dice que el olor del papel es “a antiguo” y que es un muy buen olor. Así es.



A partir de la muestra vigente, Visceral, visitamos la obra de Juan Rey. También rememoramos por fotos su participación en la BNA2015, Circuitos y Correspondencias. El artista fabricó una obra vinculada a la tecnología que implicaba algo tan “analógico” como enviar hojas a otras personas para que hicieran un avión de papel. Se la devolvieron y él trabajó con esos pliegues.
A partir de todo este panorama le escribimos cartas, preguntas, coronas (porque a alguien se le ocurrió que él puede ser el Rey de los avioncitos) y el primer sobre marchó con aplauso de festejo.


También le escribimos a dos artistas de más cerquita: Melisa Depetris y Roberta Iannamico. Primero vimos fotos de Meli y leímos su libro Vayonesa. Hablamos de ponerle el cuerpo a la poesía, de cómo era posible:
·         Pintártela en el cuerpo
·         Bailarla
·         Tatuártela

Una de las niñas descubrió que la tapa de la edición de Vayonesa tenía un sobrecito de hule que contenía un saquito de té
-          ¿Para qué es?
-          ¡Para tomarlo mientras lees el libro!
-          Entonces mandémosle muchos saquitos nosotros, para que tome mientras lee nuestras cartas.


Así que salió una segunda correspondencia, a puro blend, preguntas y amor.

Este disco de Roberta amenizó nuestra despedida. 
Se puede bailar mientras escribimos. 
¿Dónde vive? ¿Hace todo ella? ¿La música se fabrica con la letra o al revés? ¿La música nos permite viajar? 
"También le podemos mandar un tecito porque en Villa Ventana nieva y hace frío."


Nos despedimos sellando los sobres y estrenando buzón. Algunxs se quedaron viendo la muestra "Visceral", dos se fueron al tan esperado cumpleaños de Arielito y otrxs partieron rápido: que la próxima también traen cartas de los abuelos.