martes, 6 de diciembre de 2016

Sobre S/T de Cecilia Taybo, por Jorge Moyano


Una delicadeza imparable.
El grupo parece funcionar teatralmente, o al menos como armando una escena teatral. Una cierta búsqueda escenográfica recorre la casa, como un fantasma, porque no se dice mucho, pero habita los movimientos del grupo.
La claridad necesaria para dirigir una escena de teatro, concebirla en horas y transmisible al resto de los asistentes. Hay una atmósfera dentro de Cecilia que no parece plenamente cerrada, pero genera un impulso en las manos del que monta y de quien mira por la lente de la cámara, tratando de retratar eso, el aura de un instante.


Parece que si dan con la escena precisa la maqueta quedará poblada de ausencias. Es eso, un trabajo de médium, de encontrar sugerencias fuertes que pasen a ser presencias ciertas y pesadas en el espectador. La simulación de un ambiente puede ser más real que cualquier otra cosa, ese montaje en escala diminuta, hace que uno vea las cosas más claramente, que la mirada de gigante lo ocupe todo y se pose frente al mismo Real, en el tamaño de una mesa o dentro de un reproductor de dvd.
La misma tarea de atmósfera, de astronauta, se percibe dentro de la casa, y se lleva dentro de uno por un rato, favorecida por la noche fría y por la distancia que tengo hasta llegar a casa. Llegando al puente Colón me paro frente a la esquina de La Luna, y me prometo a mí mismo hacer lo imposible para restaurar el cartel, con neón y todo.


Ya que toda la cosa conduce a una reflexión sobre la intimidad habrá que hacer algo en el Mac como para poder reforzar esa búsqueda. La intimidad, como recorte temporalmente pasajero, efímero, se mide en turnos. Hay que mantener esa tensión mínima y feroz de soledad y comodidad pasajeras que provocan los turnos, porque en esa tensión son lo que son, en el hueco que dejan esos goces vive el deseo. La exposición de la intimidad, estacionada en una cama sobre el pavimento, continúa con una insinuación provocativa, pero en una medida apropiada, que genera más deseo que satisfacción.

Estos ensayos sobre la intimidad nos hacen preguntarnos sobre las posibilidades del cuerpo como el escenario material más elocuente para lo erótico.  ¿Son los cuerpos todo? ¿Qué lugar ocupan las fijaciones en la teatralidad de lo erótico? Puede ponerse el erotismo en juego sin la necesidad de los cuerpos, o de los sujetos? Una cama tendida moviliza tantas imágenes como la duda infantil sobre lo que sucede dentro de los espacios reservados para el sexo. La fuerza de una prenda interior colgada en una soga, un perfume en el cuello, la soledad del estacionamiento, la intimidad está más en la mirada que ningún lado. La intimidad se porta en la búsqueda del sujeto, es delicada y no puede ser detenida.

Jorge Moyano
Tutor BRA 2016