sábado, 5 de noviembre de 2016

taller monstruoso


Sábado visitante: el Galpón Enciclopédico de Bella Vista

Cuando se asoma alegre el sol 
sobre los campos del talar,
junto a la vía 
van los linyeras

Foto por Julieta Ortiz
Una canción de Antonio Tormo sonando en el GalpónEnciclopédico fue la puerta de invitación a este taller itinerante. Como el linyera, con la casa a cuestas, nos  llevamos los monstruos que en papel fuimos creando en el Atelier Botánico.
Nos recibieron Gustavo, Reynaldo y Julieta con amabilidad y unas galletitas kourabiedes que fueron la sensación.
Los objetos que alguna vez fueron usados se combinan y juegan con un aura vibrante. El taller de niños que viene de los Museos de Arte, reacciona desaforadamente ante el permiso: ¡ahh!, ¿¡se puede tocar!?
Cada criatura fantástica que creamos tiene un don y una habilidad física: saltos enormes, velocidades olímpicas, desmesurados aleteos que duermen a varias personas a la vez. 
media de monstruo / Foto por Julieta Ortiz
La propuesta de los anfitriones fue que los niños imaginaran que largaban sus bestiales criaturas al Galpón. A partir de ahí se sucedieron muchos interrogantes:
¿Y si rompen? ¿Con qué objetos se vincularían para utilizarlo en un oficio, para retozar o para dormir? 

Foto por Julieta Ortiz
Foto por Julieta Ortiz
 La situación fue fácil para la “Chirta” (chica con cuerpo de torta) encontró rápidamente herramientas para embelesar su cuerpecillo de bizcochuelo: había palos de amasar de todas las épocas, cucharas, cacerolas y hasta máquinas de hacer manteca. El Cangutigre (excelso marsupial que iba acompañado del Cangutigrecito), el Ga-llo, el Perractus, el Tiervo, el Cabanejo y el Pajaleonpardo, también encontraron su lugar en el mundo, que para ese entonces fue el galpón, porque el galpón es un mundo.
Algunos monstruos se vieron más proclives al trabajo: palas, máquinas con manivelas; otros se vincularon con el ocio: un sillón como nido confortable para toda siesta bestial. 
Foto por Julieta Ortiz / ¡Gracias por todo!
Algo sumamente interesante de la visita fue que en el desarrollo de este año, nuestros monstruos  eran un cúmulo de cualidades. Al entrar al galpón cada niño con su bestia se encontraba con cartelas en infinitivo que nos invitaban a mover a nuestros monstruos, pensarlos en situación, que se sacudieran el pelaje, que activaran su corporeidad.
 Merienda que va, merienda que viene, se nos pasó la tarde entre infinitivos amigos: pasear, disfrutar, conocer y jugar. Lo más sabroso es la pregunta que nos queda latente: Si una bestia puede ir a un Galpón que es una enciclopedia, un galpón enciclopédico, ¿puede ir a las bestias?


Sábado local: Adentro del Museo pero en la pared exterior
El sábado siguiente trabajamos en los Museos pero en un proyecto poco convencional para el taller. Nos animamos a pintar la pared exterior del MAC. Con un escudo de criaturas y un pastito de cuentos, plasmamos en el muro una invitación al visitante. La gente pasaba, nos sonreía, nos preguntaba.
El frío no hizo mella  y el mural quedó muy bien, entre hombritos que se disputaban el lugar y mates calientes de las mamás y papás que nos acompañaron.
Ese mismo día se acercó a conversarnos el artista Ramiro Ravasi, seleccionado para la Bienal. Con él esbozamos los últimos detalles para el encuentro siguiente: sería por un día parte de el atelier botánico y nosotros colaboraríamos con su obra.
A veces las educadoras del Museo nos ponemos a pensar que le quedó de “botánico” a nuestro taller, un proyecto que culminaría en noviembre con la impresión de pósters botánicos, tras un año trabajado en la flora local, el arte y otros aliños. Después miramos la pared de la sala taller en la que se fue trazando una especie de árbol, con nombres, cosas que aprendimos este año. Cada lugar que visitamos y cada persona que conocimos en un cartelito, una rama. Hay ramificaciones que se bifurcan y se enlazan una con otras, se alejan, se amigan, “se le burlan” un poco al tutor, porque seguramente buscan lo vital, como el sol y el agua en la naturaleza. Y entonces, sí. Caprichoso y guiado por un interés vívido y pleno, el taller es más botánico que nunca y además, fue buscando su propia forma. También es un verdadero monstruo híbrido, con sus retazos, su constitución propia.
El mural tuvo un código QR para que quien pasara por el Museo pudiera dirigirse a un sitio de este blog en donde contamos de qué se trata tanto monstruo junto. Otra rama.




Otro sábado local: el papel del papel y la Bienal
Ramiro fue nuestro invitado el sábado siguiente o quizás nosotros fuimos sus invitados.

Pensamos, charlamos e indagamos sobre el papel y sus formas, todos los procesos que una simple hoja A4 podía pasar y de todos los que venía desde la semilla. Hablamos de métodos industriales y artesanales, imaginamos nuestra vida sin papel e incluso su rol en el arte y en los talleres.
El artista nos contó de su obra, del proyecto seleccionado y nos invitó a armar nuestros germinadores con porotos. Fue una hermosa jornada compartida y una felicidad poder adentrarnos en la bienal de arte venidera.





¡Gracias Ramiro por tu generosidad!















Sábado visitante: otro taller, tapas del bestiario y amigos
foto de Jessica Frontini, mamá del Atelier
En el vientre de la vieja Usina del Ferrowhite Museo Taller, se encuentra Prende!, un taller serigráfico de niños muy creativos, que además vienen trabajando con animales, como nosotros.
Allí habíamos concertado cita con Silvia, quien coordina el espacio con Malena, porque el bestiario va tomando forma y el dibujo de tapa sería impreso en el Prende!
foto de Jessica Frontini, mamá del Atelier / dulces caseros con naranjas del patio del MbaMac
El Ferrowhite nos preparó un sábado de encuentro genial y con muchas actividades: un desayuno riquísimo, impresión de tapas andamiada por los niños del taller, recorrido por el Museo. Además, Daniel Porte, el guardaparque, nos llevó a mirar el entorno del Museo, que no es ni nada más ni nada menos que donde viven los cangrejos, y allá, más allá, la isla donde se aparea la gaviota cangrejera, desde donde viene a buscar alimento para sus crías.


foto de Jessica Frontini, mamá del Atelier

foto de Jessica Frontini, mamá del Atelier

foto de Jessica Frontini, mamá del Atelier

foto de Jessica Frontini, mamá del Atelier

foto de Jessica Frontini, mamá del Atelier / ¡Así quedaron nuestras tapas!

Los papás y mamás del  Prende! nos regalaron un momento más que especial y necesario para recuperar energías y calorcito corporal: unos choripanes riquísimos al viento de la rambla de Arrieta. Nuestros monstruos tienen ahora la tapa de su bestiario y lo que más se puede pedir en la vida: panza llena y corazón contento.

foto de Ferrowhite / ¡Gracias Daniel Porte!

foto de Ferrowhite / las mamás y papás de Ferrowhite, y los mejores asadores quepuede haber  - Noemí y Ariel - , nos agasajan de este modo ¡Viva!


Sábado local: psicología de un monstruo que ha paseado mucho
Los lugares, las visitas; nos modifican. Bienalizados por completo, pensamos en todo lo que ya sabemos, inferimos o podemos imaginar de nuestras creaciones. Hay preguntas que tenemos que hacernos y una es el rugido o vociferación que hacen los monstruos. Pensamos en grabar todas esas onomatopeyas hermosas que tienen que ver con las bestias pero también con ponerse en silencio y crear un sonido cacofónico que el animal va a sacar de sus entrañas.
Los meditamos  y los grabamos. La circunstancia de estar en otro taller en Ferrowhite nos había hecho pensar que los animales whitenses del Prende! convivían con un sonido de fondo persistente: el viento del mar. Si las personas que habitamos climas diversos tenemos distinto carácter de por sí, los monstruos no pueden ser la excepción.
Sonidos del hábitat, onomatopeyas. Sería momento de conocer otro proyecto hermoso que nos comprende.

Sonosábado de patio
El invitado vino a los Museos. Nos tocaba salida pero la Sonoteca es un enorme mapa, y es todo Bahía. ¿Dónde ir? Al patio, a  encontrarnos con nuestros propios sonidos.
Fermín es parte de un proyecto hermoso que es la Sonoteca. Ni bien se adentró en nuestra sala taller nos contó algo increíble: en todos los barrios que vivió cuando chico, un momento del día que podía diferenciar claramente. Es ese fragmento diurno en que uno cree que ni el aleteo de las moscas se escucha: la siesta.
Resulta que para él ese momento en Palihue no sonaba igual que en Bella Vista. Con ese relato, la visita de Fermín nos auguraba afinar muy bien la percepción y el oído, nuestra y de las bestias.
Salimos al patio, que está atravesado por la obra Casa Intermitente.
Nuestro invitado trajo una tecnología que nos sorprendió, lo que nos permitiría ampliar la sonoridad. Fue Nina la que primero se puso los auriculares. Dobló las rodillas en un sobresalto, movió los brazos, es como estar en la selva. Uno a uno nos los pasamos y fue un mundo nuevo de apertura a los sentidos: el viento, el recorrido parsimonioso de las ramas en la intemperie, los pájaros, los movimientos de los obreros de la casa lindera en donde demolieron y ahora edifican raudamente, nuestros susurros… Podemos decir que este sábado también salimos afuera de los Museos.
Llegaron los papás y las mamás; también se sumaron a la experiencia sensorial.
Nos metimos en Casa Intermitente. Conocer el sonido de una edificación luciérnaga que habita el patio de un Museo también es leer la obra en la intimidad que merece. Otro sonido, nylon que se desgajó con el viento bahiense y frica sutilmente en el techo. Pisar pallets de forma mesurada  y de manera brusca. Agitar la obra-red que pende en su corazón aunque no sea correcto.


Nuestro taller es un monstruo porque conocemos de muy distintas maneras y con materias primas híbridas. Nuestro taller es un monstruo porque visitamos y nos visita gente maravillosa con ideas y proyectos de los que todos deberían estar al tanto; nosotros  tenemos el privilegio y el gusto de conocer su vocación e inventiva. Nosotros somos monstruos.
Monstruos. Y así aullamos:  http://sonotecabahiablanca.com/mapa/