sábado, 2 de julio de 2016

Invernal Atelier Botánico


El Atelier Botánico sigue muy firme en su objetivo principal: poder llegar a formar un Bestiario Fantástico.
Para que la imaginación crezca, como las plantas, tenemos que nutrirnos con informaciones y fuentes muy diversas. Es por eso que continuamos vertebrando los encuentros en torno a confluencias con otras personas e instituciones, e intercaladamente,  con nosotros mismos y lo que nos pasa ante esos conocimientos de las visitas.
Una jornada acá y una allá. El allá (o “los allá”), como siempre, son lo desconocido y lo carente de barreras. En los allá preguntamos, paseamos, usamos la lupa, anotamos en el cuaderno y montamos un microcosmos final que tiene forma de picnic.
Para crear nuestras propias criaturas fantásticas, a partir del arte y la palabra, estuvimos indagando otros espacios. Anteriormente contamos nuestra experiencia en el Jardín Botánico, a continuación visitamos el Museo Municipal de Ciencias Naturales Carlos Darwin de Punta Alta y también el Mercado Municipal. En las jornadas “de locales” trabajamos en torno a obras de artistas visuales, diseñadores y escritores que a lo largo de la historia crearon sus propias criaturas híbridas. También pudimos articular la actividad con un imponente Sireno de Marcos López que forma parte de la muestra patrimonial actual.
Es muy lindo visitar lugares pero tuvimos que inventar un método para que no se escapen los conocimientos que encontrábamos y nos encontraban, por lo que empezamos a construir una red sin fin en la pared, que nos permitiera apuntar las cosas que no nos queremos olvidar, como un souvenir de cada paseo. El cuaderno personal también sirve como especie de diario, de registro. Cuando Nina lee todas las actividades que venimos haciendo, nos cuesta creer que aprendimos tantas cosas.



Encuentro con Teresa Manera en el Museo Darwin
La visita al jardín Botánico nos había abierto puertas enormes de la imaginación mostrándonos especies vegetales que en realidad nos rodean, pero ahí están compiladas y clasificadas. Ana nos había contado de una especie que se llamaba Darwinii y había dado lugar a pensar en Darwin y en buscar cuanto antes a Teresa Manera.
Ella nos abrió el Museo y nosotros nos organizamos para ir a Punta Alta con los papás, que también quisieron quedarse a la aventura.
Dentro del “allá” que implica Punta Alta, se nos abrió un “más allá temporal” que era “acá” por donde hoy caminamos y en dónde hace mucho tiempo vivían unos mamíferos increíbles.


Pensar en crear un Bestiario Fantástico se volvía entonces un mundo de preguntas ¿podrían comer alguna planta de las que nos mostró Ana María? ¿Podrían ser nietos de los mamíferos que nos estaba contando Teresa? ¿Serían un híbrido animal vegetal? ¿Puede un monstruo inventado tener un árbol genealógico?
Teresa es cálida, sabe muchísimo y puede conjugar esas dos cualidades con un don: es excelente narradora. Escucharla fue placentero y apasionante. Santino dijo como al pasar “me parece emocionante”. Y sí, como muchos comentarios que uno dice al pasar, su apreciación contenía un sentir colectivo.
Escuchamos sobre la historia de Darwin y Fitz Roy, el Megaterio, el Gliptodonte, la Macrauquenia y la retama Neosparton Darwinii. Como broche de oro de la jornada Teresa nos dejó pasar “al lugar que no se ve” del Museo, tuvimos el privilegio de observar negativos de las huellas de Pehuén-Có y el caparazón del Gliptodonte. Nos regaló unos libros buenísimos con actividades, tomamos mate a los pies de una réplica del perezoso gigante y nos volvimos a casa súper reflexivos.


Encuentros locales: el arte y sus criaturas
La mitología clásica, la Edad media, la escritura en general y el arte de todos los tiempos: son una fuente inagotable de criaturas majestuosas.




Algunos seres dan miedo, otras generan ternura y hasta risa.
Hay varios que tienen su origen en las creencias y otros tantos en la fantasía del artista.
Todos surgieron de la fantasía.

Los miramos y charlamos sobre todas las historias que tejen su genealogía.





Casi cerrando el encuentro vino Massi, con una lupa gigante de un proyector de diapositivas. Como buenos investigadores nos permitimos jugar con ella y luego ampliar en la pared las especies traídas del Botánico. Comenzar a ver el detalle también es algo muy interesante.


El siguiente sábado local nos estimuló a  poner manos a la obra y comenzar a pensar nuestros híbridos. Pensando en toda la información que nos dieron las visitas y desglosando los bichitos de esponja que estábamos criando en el agua, se generó un “zoofitológico” en toda la sala taller.
Del papel, el lápiz y los acrílicos nacieron el Oso Manzanarius, el Jirafacaballo, la Mariposaflor, el Flopicaballo, el Lagarpul, el Tigrecame, la Jirrosapo, la Jiracanguraña, el Ga-llo, el Cangutigre, el Torogatolagaráguil, la Sirerana, el Perractus, el Zangapiz, el Cabanejo, la Cabaguilarrata  y el Aracalamarcito. Cada uno de ellos tiene una historia: algunos tienen poderes como el hipnotismo, hacer volar gente con un simple aleteo o la facultad de cumplir deseos, otros tienen particularidades morfológicas inéditas como manchas triangulares u oído más que absoluto. Distintos, como nosotros, tienen problemas: es terrible imaginar al Perractus cuando intenta morderse la cola y recuerda, en un gesto de dolor desgarrador, que tiene espinas en la boca. Más traumático aun es pensar como el Ga-llo duda constantemente entre maullar y relinchar.





Encuentro en el Mercado municipal, a lo flâneur
En el Mercado no nos esperaba nadie. La idea era probar que se puede hacer una salida y permanecer en un lugar cerrado (y destinado a la venta) sin comprar o haciendo un montón de actividades que no comprenden consumir.
Para una actividad de escritura y dibujo creativo se plantearon las siguientes preguntas ¿Qué es este lugar? ¿Qué compartimentos tiene? ¿Qué historias nos puede aportar? ¿Desde cuántos lugares se puede mirar algo?

Así, nos repartimos unos sobrecitos con consignas individuales que nos permitieran conocer el mercado (como podría haber sido otro lugar) desde perspectivas disímiles.
Las propuestas fueron:
·         Entrar a una verdulería y concentrarse en una verdura o fruta desconocida. Inventarle un nombre, un sabor, y un olor. ¿Cómo la definirías? ¿Cómo explicarías una especie de olor desconocido? ¿Cuánto saldría el kilo? ¿Tendrá carozo? ¿De qué árbol o planta vendrá?
·         Registrar / dibujar con lápiz de algo te llame mucho la atención: la entrada, un puesto, una persona, un cartel, un producto, a modo de boceto o croquis.
·         Curiosear ¿Cuántos años hace que existe este lugar? ¿Cuánta gente ha pasado por acá? ¿Te animas a entrevistar a algún trabajador para que te cuente un poco más? Pensá preguntas que te interese hacerle, ¿tendrá para decirte alguna historia que esconde el lugar?
·         Si pudieras hacer un mercado de lo que a vos te gusta, con locales de distintas cosas, ¿de qué los harías? ¿Qué habría en cada local? ¿Cómo se llamaría el lugar? ¿Tendría el mismo edificio? ¿Qué cosas no faltarían? ¿Te animas a dibujar como sería tu mercado?
·         Fusión. ¿Qué híbrido saldría de la verdulería con el local de artículos de limpieza? ¿Si mezclo lavandina con pepino me sale un lavanpino, una lavandina de pino o una pepindina? ¿Una pequeña papa con sabor a pepino que es de la zona andina? ¡Animate a inventar algunos!
·         Observar con atención si hay algún souvenir gratuito que nos podamos llevar del lugar. Algo que nos recuerde que estuvimos acá. Por ejemplo: el número del turno de la cola de los locales, una bolsa con el nombre del negocio, algo tirado, una muestra gratis.
·         “Dronear”. Como si fueras un dron o un satélite, te vamos a pedir que recorras el mercado y luego te animes a hacer un mapa de cómo se vería desde arriba el lugar.
·         Imaginate que sos un insecto muy muy chiquito y que por causalidad entrás al mercado ¿Qué aventuras tendrás que pasar como bicho entre tanto movimiento gigantesco?
·         Enumerar. Si nos ponemos a pensar cuántos números se pueden encontrar en un lugar, ¡hay miles!
·         Vos ¿Cuántas cosas podés contar en el mercado? Animate a hacer una lista de todas las cosas que se pueden contar acá. Ejemplo: 40 pedazos de carne en una vitrina,  22 señores que atienden, etc.
·         “Extranjerear”. Imaginate que cuando entraste, algo extrañísimo pasó, y ahora, cada vez que abrís la boca, no podés pronunciar palabras en nuestro idioma, sino en un lenguaje incomprensible que ni vos conocés. Ejemplo:
“ji samnikó ol buyert”. Animate a observar alguna acción que se produzca dentro del mercado y tratar de explicarlo por escrito en ese idioma imposible de averiguar. Cuando terminemos la actividad y compartas lo que escribiste, todos trataremos de averiguar de qué se trató lo que viste.




Del Mercado nos fuimos divertidísimos. Manuel logró que como recuerdo gratuito nos muelan una bolsita de café con aroma delicioso, encontramos una especie de mostrador de noticiero, nos llevamos un mapa artístico del lugar desde arriba y desde abajo. Los trabajadores nos vieron muy concentrados y muchos nos dieron charla o accedieron con amabilidad a la entrevistas de Cata, que estaba acompañada por Carmela (pero no podía intervenir verbalmente porque le había tocado la consigna del idioma extraño y también hablaba así).
El señor de la carnicería del primer pasillo va a invitar a su hija al taller y el del puesto del fondo nos regaló del “pincho”, todos los turnos de espera que había atendido en la mañana. Es como si nos hubiera compartido la historia de toda la gente que pasó por ahí durante la jornada helada. Esos papelitos parecen mallas para la playa o la cabeza de algún animal con cuernos u orejas enormes, que quién sabe, si no seguirán hilando nuestro Bestiario.



[El Atelier Botánico es el taller gratuito de los Museos de Arte para niños de 7 a 12 años. Todavía nos queda mucho año por delante, muchos “acá” y “allás”. Por consultas o inscripciones: areaeducativamuseosdearte@gmail.com ¡Hasta la próxima!]