lunes, 29 de febrero de 2016

Sobre Flotaciones. Muestra de Claudio Carlovich

Flotaciones
Muestra de pinturas de Claudio Carlovich.
Salas del Museo de Arte Contemporáneo, Museos de Arte.
Desde 11 de marzo hasta el 17 de abril de 2016.

Caminando casi 40 metros al interior de una manzana se encuentra un departamento deshabitado y luminoso que funciona como taller y refugio para que este pintor llene de formas y colores grandes bastidores construidos por él mismo.

El jueves 18 de febrero visitamos a Claudio Carlovich y al ingresar nos encontramos con una serie de 23 pinturas que impactan por sus grandes dimensiones, contrastes en colores que producen pequeñas vibraciones y formas que flotan en todos los espacios de las habitaciones.



Para una mejor visualización de todas, Claudio las había montado en tres espacios de este departamento, ahorta devenido en taller/ galería. En el ingreso aparecen las primeras pinturas, algunas  en proceso y otras colgadas sobre paredes blancas que rompen su pureza por los roces o por el pincel que busca otro lugar donde dejar su huella. En un segundo cuarto se encuentran cinco pinturas verticales que dialogan con el color rosa de sus paredes, y en una pequeña habitación verde desaturado, otras tantas más. Todas estas pinturas parecen complementar una cuestión espacial, casi como una pintura- instalación, donde el fondo propuesto por el bastidor se mimetiza , casi de manera casual, con las paredes que las contienen.









Los mates que prepara Claudio sirven de pretexto para que nos cuente sobre estas pinturas que realizó durante  2015. Nos dice que fueron pensadas como un reflejo de la fragilidad de la espiritualidad del ser. Un universo inmaterial que la materia de los acrílicos y la tiza se encargan de representar mediante ojivales, paralelogramos, triángulos y manchas curvas que invaden la superfie de las telas. Todo se presenta volando en el espacio, no hay distancia entre los bastidores y los reflejos de luz que asoman desde los pequeños patios, no hay horizontes.




Nos cuenta que, de joven, estuvo trabajando en el desierto de Sahara donde por primera vez se acercó a la pintura a través de la acuarela.También sobre las pinturas de Goya, Picasso y Van Gogh que vio y le impactaron cuando estuvo viviendo en Europa y se pasaba horas en las salas de los museos escribiendo sobre estas obras:

“Yo iba mucho a escribir al Museo del Prado y me sentaba en la sala de Goya, en la sala negra… me mató el color, ahí es donde me deslumbró… ahí descubrí el color, los cielos de Goya son como lo máximo que se puede hacer en pintura. Otro tipo que me sacó mal es Van Gogh, por lo tortuoso, por el sufrimiento, ese tipo dejó la vida en cada cuadro, es muy emocionante la pintura. Vi mucha pintura, Velázquez, Las meninas, los blancos de Velázquez te matan… y yo aprendí a pintar así, no fui a aprender. En esa época laburaba en el desierto del Sahara, vivía en Madrid, pero laburaba en el petróleo en el desierto del Sahara, un mes de trabajo y un mes de vacaciones; entonces me fui a un lugar en donde vendían pintura, materiales y me compré 20 hojas para acuarelas… y acuarelas, empecé a pintar con acuarelas en el desierto del Sahara. Después me dijeron que la acuarela es lo más difícil que hay. Uso mucho el blanco de la tela cuando pinto, el secreto de la acuarela es que no hay blanco, el blanco es el de la tela. Yo pinté mucho con acuarela, aprendí con la acuarela, al principio pintaba muy surrealista, normalmente cuando empezás a pintar empezás por el surrealismo.
Para aprender empecé haciendo autorretratos, para ir agarrándole la técnica. Para mi esto es así, se puede aprender técnica de pintura, pero el arte, la pintura, no se aprende, vos aprendés ciertas técnicas pero eso lo hace cualquiera, pero ser artista...
Las técnicas las fui aprendiendo a partir de mis necesidades de expresión, eso es lo que me llama a perfeccionar una técnica, por eso laburé mucho con el color, con el dibujo también, porque tenía necesidad de profundizar eso.”




No pudimos irnos sin preguntarle sobre los objetos que realizaba. Las sillas una vez expuestas en julio de 2010 fueron una parte importantísima de su producción al igual que las esculturas y estructuras en hierro. A esto se le sumaron algunas anécdotas que nos hacen descubrir un artista preocupado por temáticas relacionadas con aspectos sensibles del ser humano:

“Una vez hice una instalación… era una muestra...tenía esculturas móvibles con motores, en el matadero, eran grandes, hice una estructura en le fondo del galpón que tenía 4 metros de ancho por 4 metros de alto por 10 metros de largo, con cortinas de esas que llevan pedales, que se usan en los negocios.. ¡no se dónde econtré todo esto, retorcido y oxidado! Entonces hice un enrejado todo con eso, quedaba como un espacio, medio aéreo, y con trapos de piso endurecidos hice una figura humana en tamaño natural, y lo fui entremezclando, se llamaba La caída, estaba representando cómo los tiraban de los aviones, iban así cayendo… Con esa muestra yo quedé deshecho, tengo fotos… estoy enterrado en fierros, en mi taller de Villa Mitre, todo oxidado… vivía con el óxido… soldando, soldando.
Otra vez, en FM de la Calle - en ese tiempo era un espacio cultural - ahí hice una escultura en vivo, llevé un montón de fierros, había dos músicos de Buenos Aires que tocaban en el fondo, en la tribuna había gente… entonces, la gente entraba y veía a los dos músicos que estaban tocando, dos guitarristas, y nada más, y de golpe: ¡tun! Sale de la chatarra una mano cubierta de óxido, y salgo como un cacho de óxido, y estaba con el solador, y empecé tss tss, un amigo mío estaba con la mano el en enchufe del soldador, porque tenía miedo que me electrocutara. ¿Sabés cómo terminé? Todo transpirado con el óxido, y terminé con al antorcha en la mano, el cable que es grueso así, se había roto, se cortó, eso fue monstruoso, una performance, pero claro, yo tenía 20 años menos que ahora, tenía mucha fuerza, laburaba con todos esos fierros, los agarraba con la mano, muy loco… bueno soy.. ahora más contenido (risas)”