sábado, 28 de marzo de 2015

21 105 – Significación y re – significación de los espacios de la memoria



 



















                                                          por Valeria Luini, área comunicación



21 - 105, hoy 21 – 116, es un proyecto de investigación de archivo y creación de dispositivos estéticos que abordan la lectura del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, su historia.

El material que utiliza el artista se desprende de los archivos y espacios relacionados con la dictadura militar de 1976, focalizándose en el espacio concreto de la ex ESMA.

El tema es inabarcable en su totalidad, el artista realizó su recorte valiéndose de las posibilidades retóricas de la imagen y seleccionando los retratos de las mujeres víctimas de la dictadura que pasaron por el Centro Clandestino de Detención de la ESMA. Estas mujeres no sólo estuvieron detenidas, dieron a luz a sus hijos allí. Cirulli utilizó los registros públicos de Abuelas de Plaza de Mayo y seleccionó 21 mujeres y sus retratos fotográficos. Además se entrevistó con representantes de HIJOS, asociación Madres de Plaza de Mayo y Asociación Abuelas de Plaza de Mayo. Cirulli menciona la importancia de esas entrevistas: hacer presente a la víctima.

Su obra se realiza, de esta manera, a partir de un importante trabajo de archivo. En su libro el artista explicita los abordajes teóricos a partir de los cuales piensa la obra artística: Anna María Guasch y su concepto de “paradigma del archivo” que pone en juego las implicancias temporales de las propuestas de archivo en el campo del arte, estableciendo nuevas relaciones temporales entre pasado, presente y futuro; Jacques Derrida y su visión del archivo como el “ahora” de cualquier forma de poder ejercido en cualquier lugar o época, o Michel Foucault, entre otros. A partir de estos abordajes teóricos encontramos en Cirulli un concepto de historia abierto y en constante construcción: “la historia (…) no es la suma de documentos sino de las preguntas que uno plantea a los mismos”. La historia es entendida desde la relación del hombre con el mundo y con sus semejantes, su modo de ser, pensar y sentir, y no, simplemente, como una narración de los acontecimientos. Este concepto de historia atraviesa su obra y la vincula, así, con las esferas más amplias de la sociedad o la política.

Su obra va a permitirnos la pregunta sobre cómo construimos la historia y la memoria y la función de la imagen y del arte en este contexto.

El proceso artístico mismo es visto como un proceso, un trayecto, un camino de descubrimiento que significa para el artista “un acto de transformación y re-simbolización” de su andar.

Cabe mencionar que el nombre mismo que se da a la obra es “móvil”. Si bien 21 es un número fijo, un recorte arbitrario: las mujeres que dieron a luz en la ESMA (aunque sirve de disparador para leer referentes como el número que simbolizaría la mayoría de edad, según menciona el artista), 105 o 116 son un número, un nombre que se transforma, depende de cada hijo recuperado, es un número con referencia al pasado, anclado en el presente (llevamos 116 hijos recuperados) y con una proyección esperanzadora hacia el futuro. La obra opera dentro de la dinámica de archivo abierto, el título requiere una actualización.



 
SU HIPÓTESIS

“Existe una relación dinámica con las imágenes que cada cultura construye. Huellas vivas que se hacen presentes en un contexto físico y temporal, donde cada comunidad y cada lector particular desarrollan significaciones y re-significaciones”

El desarrollo de la obra 21 116, su forma de “habitar” a través de una experiencia artística los espacios de la memoria, abre un camino de posible re-significación personal y comunitaria de esos espacios.

 
SU CAMINO

Cirulli evoca la importancia de su camino artístico en el lugar donde se sitúa, observa el andar que se fue construyendo tras sus pasos, su devenir, y destaca algunos trabajos:

Hongos, trabajo realizado entre 2008 y 2010. A partir de la elaboración de imágenes con vestidos infantiles que tenían historia, que habían sido utilizados, genera una serie de pinturas, luego confecciona un vestido para una niña de tres años con retazos de tela de ropa propia que utilizaba para limpiar sus pinceles, monta este vestido entre dos vidrios para comenzar a observar, con el correr de los días, el crecimiento de hongos. Esta obra puede considerarse como una apertura a su idea de arte como experiencia de proceso, de trabajo abierto que, lejos de concluir, abre caminos con el paso del tiempo, nuevas lecturas posibles.

Huellas de Juan, esta obra es una pintura a la que considera antesala de 21 116.

Huella, un nuevo experimento con el montaje, corre la pintura de la pared, la ubica en un lugar central del hall, se la recorre.


 
LA HUELLA

La huella es pensada como un enigma que nos interpela, algo que no es algo fijo, que no se decodifica de una vez y para siempre. Cirulli genera dispositivos de lectura a partir de los cuales cada lector generará vínculos nuevos.

En su concepción de la imagen, esta tiene la capacidad de hacer que nos veamos y nos entendamos en un proceso de asunción de lo propio. Las tensiones que puedan darse en este proceso no pueden resolverse, deben integrarse.


 
EL TIEMPO

 
LA HISTORIA DESCENTRADA

“El tiempo como lazo afectivo” es subjetivo, en contraste con las concepciones más lineales y progresistas: el tiempo, su velocidad, se da, o se percibe a partir de los sucesos que encierran y la conexión afectiva que poseen con la persona o grupo involucrado. Cirulli concibe al tiempo como materia social.

Va a volver sobre su concepción de historia no lineal, como relato de acontecimientos, sino siempre inacabada, móvil, re-significada. A su vez, vuelve al concepto de archivo en constante movimiento.

Así, podemos entender al arte como parte fundamental de la historia, como constructor de relatos. 






 



















EL ARTE-ARCHIVO

Como exponente del arte contemporáneo, que tiene un marcado interés por las zonas de frontera, por las “zonas de convergencia”, la obra de Cirulli se inscribe en un límite entre el arte y el archivo, habita ese límite.

 


















LA OBRA

SALA 3 del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti: allí se instalaron las telas, las caras de las mujeres, en tarlatán de 236 x 100, pintados con látex, son cinco capas de tela que en la superposición conforman la imagen. Se disponen colgadas del techo, separadas de la pared para permiten una visión tridimensional.

SALA 2 del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti: caja símil embalaje dentro de la cual está la caja de luz donde se disponen los fotogramas. 500, en negativo; los hijos recuperados, en positivo.


 
CONCLUSIÓN

Diego, como argentino, menciona haberse sentido siempre interpelado por el pasaje obscuro de nuestra historia que representó el terrorismo de Estado vivido en la Argentina en el período entre 1976-1983. Con la apertura de los edificios de la ESMA en 2004 y la inauguración del C.C.M.H Conti en 2010, comienza un proceso de re-significación que continúa hasta hoy.

El edificio, según indica, le generó una gran movilización a nivel personal, por su peso social y por las imágenes que le evocaba. Tensiones, encrucijadas que empezaron a salir a la luz en su memoria. Comienza, entonces, un recorrido en ese lugar de ausencias y presencias, de hendiduras, abordando sus propias imágenes del pasado y dando vida a imágenes que se activan en el presente.

En su proceso de investigación encontró huellas vivas, latentes, que lo interpelaron “desde una dinámica de ausencia y presencia propia de la imagen”.

Cirulli piensa al edificio de la ex ESMA como un “monumento vivo” en el que acontece un tiempo simultáneo, como en la imagen, donde, al abordar la memoria y las significaciones que ella guarda, se aborda el presente y el futuro, “lo que es y lo que puede ser, de nuestro imaginario cultural”.

Su obra, situada allí, sus dispositivos, se activan. “La huella viva se vuelve imagen evocadora de futuro, de nuevas significaciones posibles”.

La imagen, mediante la operativa del arte y puesta en el espacio de la memoria del C.C.M.H. Conti “puede desarticular el tiempo, la narrativa de la historia y su imaginario cultural, generando nuevos vínculos que posibiliten la re-simbolización del espacio”.




Diego Cirulli nació en Bariloche, Río Negro. A los pocos meses, sus padres se mudaron a la ciudad de Buenos Aires donde reside actualmente. Es egresado de la carrera de Artes Visuales (IUNA) con orientación en Pintura. Complementó sus estudios con maestros como José Rueda y José Alberto Marchi, entre otros.

Realizó diversas muestras a nivel nacional en centros culturales y galerías, como también a nivel internacional en Mato Grosso (Brasil), Alicante (España) y París (Francia).

En los últimos años obtuvo premios y distinciones en diferentes concursos. Trabaja en el taller de escenografía del Teatro Colón desde el 2005 y dirige el taller de arte Kalós donde dicta clases, trabaja como ilustrador y realiza su obra.

La obra 21 116 significación y re-significación de los espacios de la memoria fue declarada de interés cultural por la Secretaría de Cultura de la Nación