viernes, 12 de septiembre de 2014

Intervenciones en la pared exterior del edificio del Museo de Arte Contemporáneo (2008-2014)



Desde el 2008, los Museos de Arte: MBA-MAC de Bahía Blanca proponen el uso de su pared exterior (de 6 metros de ancho por 7, 5 metros de alto) , es decir, la única que da hacia la calle, para que artistas locales realicen intervenciones. Éstas duran entre dos y tres meses: en un principio las imágenes no se borraban y los artistas trabajaban sobre las anteriores, más tarde comenzó a pintarse la pared de blanco entre una y otra participación. Asimismo, en un primer momento se podían hacer utilizando, en algunos casos, las tres dimensiones mediante el agregado de objetos; luego, se decidió que sólo podrían pintarse murales.
De esta forma, esta pared situada en el espacio público , funcionaría como una muestra temporaria más del museo, en el que no se realizan exposiciones permanentes. Lo efímero forma parte también de este proyecto, que plantea un  “afuera” en consonancia con un espacio “interno”, el de las salas. A su vez, estas intervenciones conviven con otras que, anónimamente, deciden re-intervenir la pared, confrontando o completando lo ya propuesto por los artistas. Se genera así una tensión entre dos posibles abordajes del arte público: uno, atravesado por la lógica institucional y, otro,  que la interpela sin mediaciones.


La primera intervención, realizada en julio de 2008 por Vecky Vargas, representaba a dos niñas junto a la frase: “Por todas las princesas que no tienen a Romeo pero esperan a Julieta” y “Basta de discriminación”. Cecilia Miconi señala el carácter disruptivo de este mural, que provocó algunas quejas: “… recuerdo el de Vecky Vargas, que tuvimos problemas con el barrio que no lo aceptaba y sólo eran dos nenas tomadas de la mano… una anticipación al matrimonio igualitario.”[1]. 
Ese mismo año, en agosto, un grupo de artistas integrado por Agustín Colli, Damián Patrignani y Víctor Rottili, trabajó sobre la creación de Vargas, reinterpretándola. En noviembre, Francisco Felkar realizó una nueva intervención : “El contaminado – fantasma de la Bahía”, que permitía ver restos de las dos obras anteriores, funcionando aquí la idea de palimpsesto mencionada por la directora del museo.





La primera propuesta de 2009 -una frase acompañada por un maniquí que permanecía colgado desde lo alto del muro-, realizada por Guido Poloni, poco tiempo después fue intervenida con un graffiti: “Pinta tu aldea y pintarás el mundo” con la imagen de un rostro. También se hizo presente el nombre de una banda bahiense de rock alternativo utilizando la técnica del esténcil, propia del lenguaje de los últimos años dentro del street art. Sin borrar estas intervenciones previas -convocadas institucionalmente e interpeladas por anónimos-, el muralista Leandro Poblete pintó en el lateral derecho de la pared.


En agosto,  Horacio Culaciatti junto a sus alumnos del taller de fotografía, crearon un fotomontaje a partir de recortes fotográficos que fueron acompañados por una serie de ladrillos apoyados sobre la pared. En septiembre del mismo año, Facundo Carrari realizó una obra en grafito[2], perteneciente a su serie de 33 mandalas que conforman el libro Mandalas, encuentro con uno mismo, editado por el artista. En este caso decidió pintar él mismo la pared de blanco para comenzar una nueva serie de intervenciones. En diciembre, Elena Warnes realizó un gran círculo a la derecha del de Carrari reinterpretándolo, agregando, pero no quitando.

                                  


                 



En marzo de 2010, sobre la pared en blanco, Lorena Bicciconti, Mariela Gouric y Vanesa Bojart propusieron una gran forma circular, con colores brillantes,  en la que se destacaba la frase “El amor salvará al mundo”. Nuevamente esta obra fue intervenida por anónimos, con un escrito en aerosol: “Vivir es un lujo, sobrevivir es el arte”. A partir de septiembre, mientras el complejo MBA-MAC permaneció cerrado al público durante el traslado y reorganización del patrimonio[8], no se realizaron más murales.



En enero de 2011 fue inaugurado un nuevo ciclo de intervenciones, en este caso con una obra grupal realizada por los chicos que concurren al taller “Barrioscopio”, que funciona en el Centro Cultural “El retiro” de Villa Harding Green y es coordinado por los profesores Agustina Amadeo, Leandro Coccia, Natalia Monje y Soledad Vidal.Mauro. Con un sentido similar, en marzo fue invitado a realizar un mural el grupo “Los Chopen”, integrantes de un taller perteneciente al , en el cual participan personas con diversas discapacidades. En julio, el artista visual Silvano Venturi y el ilustrador Pablo Corral realizaron la obra “Tamaño real”, que cubría casi toda la superficie de la pared ya que medía cinco metros por siete metros[3].





En marzo de 2012, en el marco de las conmemoraciones por el aniversario del último golpe de estado, junto con las muestras “Aquí también pasaron cosas”, en el MBA y “El arte como impugnación del silencio” en el MAC, se realizó una pegatina de poesías escritas por desaparecidos y asesinados durante la última dictadura cívico- militar. Estas poesías formaban parte de una muestra itinerante organizada por la agrupación “Ausencias–Presencias”, integrada por familiares de detenidos-desaparecidos y asesinados de Bahía Blanca y la zona durante la última dictadura. Por primera este muro funcionó de manera perfectamente articulada con el interior.[4]


A partir de 2012,  comenzó a realizarse una convocatoria abierta a todos los artistas que quisieran participar de estas intervenciones. Debían mandar un boceto y luego serían tres los seleccionados. Esta modalidad se continúa hasta el presente. Es así que en julio , se inuguró la intervención realizada por alumnos del taller de pintura que funciona en el Hospital de día, Servicio de Salud Mental, HIG Dr. José Penna, coordinado por Betiana Gerardi. La imagen está acompañada por dos frases: “De cerca nadie es normal” y “Puentes donde hay muros”, poniendo en cuestión las características de estos edificios que sirven como soporte de exhibición y el binomio centro-periferia implicado en las ubicaciones de ambas instituciones en la trama urbana. En agosto del mismo año, un gran código QR fue pintado en la pared exterior; la obra “Signos del tiempo”  fue realizada por Pablo Córdoba, Daniel Ciro, Anahí Felipe y Cristina Acuña. Esta obra fue luego intervenida en forma anónima pero respetando sus límites. En octubre la propuesta seleccionada estuvo a cargo de un grupo de alumnos del Colegio Victoria Ocampo, coordinados por el Prof. Máximo Casazza y en diciembre de 2012 la intervención estuvo a cargo de la ilustradora Sol Etcheverry.

















En 2013 la primer intervención fue realizada por el equipo de los museos y tenía directa relación con las muestras que se encontraban en el MBA y en el MAC. Se trató de una gran pregunta “¿Qué hicimos en estos 30 años de democracia?”, la pregunta se intentaba responder de manera colectiva con la muestra “30 años” que se encontraba montada en las salas del MAC y también había sido organizada por el equipo de los museos. Una gran línea de tiempo iba siendo completada con material que hiciera referencia a lo sucedido en el ámbito cultural local a partir de 1983, cuando se recupera la democracia. En el MBA se encontraba la muestra “Aquí también pasaron cosas” que en esta oportunidad había incorporado material fotográfico sobre el desarrollo de los juicios de lesa humanidad que se habían ido desarrollando durante 2011 y 2012 en nuestra ciudad. En julio de 2013, la intervención fue realizada por alumnos del taller de pintura a  cargo del Prof. Máximo Casazza. En agosto, intervino Agustín Colli y para  diciembre fue seleccionado Jorge Moyano.






Este año, 2014, las dos intervenciones seleccionadas en las convocatoria pública, fueron realizadas por artistas que habían participado  en el “Proyecto Cosecha”, durante 2013, en los Museos de Arte: MBA- MAC. La primera fue “Intríptica”, de Matías Longo Perrig y  la segunda, en agosto, “Pizza contemporánea”, estuvo a cargo de Federico Riat (Igby).
En síntesis, a partir de esta enumeración, pueden distinguirse tres núcleos diferentes. Por un lado, imágenes con contenido político disruptivo, que funcionaron como una interpelación al transeúnte. Otras, proyectaban sobre el exterior mitologías individuales de diversos artistas y enfrentaban al espectador con propuestas más amables, pero a veces crípticas. Finalmente, la visibilidad de colectivos coordinados por artistas con el objetivo de favorecer actividades creativas en grupos con diferentes problemáticas  han exhibido en esa pared céntrica el trabajo previo comunitario realizado en distintos lugares periféricos.




¿Arte público?

La idea de utilizar la pared exterior del MAC como un espacio más del museo surgió a fines de 2007, en una reunión de trabajo entre la directora y el personal del mismo. Recuerda Cecilia Miconi: “Todo comenzó hace aproximadamente seis años cuando Mariela Scafati y otra artista… que pintaron la pared. Todavía no existía un proyecto. Luego allá por el 2007, en una reunión de trabajo apareció con más fuerza y contenido. En este comienzo no se repintaba de blanco, el artista venía y pintaba a modo de palimpsesto sobre la imagen anterior. Se comenzó a invitar a artistas, a talleristas, a docentes que proponían trabajar con sus alumnos, a grupos ya conformados como tales de artistas o de público con ganas de hacer.”[5]
En tanto estas intervenciones sobre la pared exterior del MAC han sido una propuesta institucional sobre el edificio específicamente legitimado en el circuito artístico local, cabe preguntarse si podrían considerarse o no como ejemplos de arte público.
Javier Maderuelo propone definir a esta categoría a partir de su lugar y de la recepción. Es decir, como un “tipo de arte cuyo destino es el conjunto de ciudadanos y cuya ubicación es el espacio público abierto que conforman las calles, plazas y jardines. Esta nueva categoría no es un estilo y se desarrolla independientemente de las formas, de los materiales y de las escalas con las que se realice.”   La pared exterior del MAC responde a estas características, en tanto para mirar las obras únicamente se necesita pasar por la vereda. No sólo permite un acercamiento al arte sin tener que ingresar al edificio, sino que por tratarse de un museo municipal de entrada libre y gratuita, constituye una invitación a continuar observando dentro de un espacio cerrado que también es público. Se muestra una parte del todo que funciona junto a las salas de exposición.
La directora de los museos nos comenta que, para ella la pared “es una puerta increíble de comunicación para el adentro. Marca una ubicación en el espacio.” La percibe como una instancia de comunicación entre el adentro y el afuera.  Entre algunos de los artistas las opiniones son similares. Facundo Carrari, opina que la pared es “un espacio urbano e institucional que funciona de puente entre el arte que se encuentra adentro y que se asoma a la calle haciéndose público y totalmente expuesto, día y noche ahí estará hasta la próxima intervención. En la calle hay mucha gente que interactúa con la obra y con uno, con frescura total, gente que jamás verás dentro de un museo. ¡Ese espacio exterior es una ventana genial!”[6] En la opinión de Carrari vemos aparecer una de las características esenciales del arte público: la gente que puede acercarse a este tipo de arte muchas veces no es la misma que ingresa al museo, por eso lo plantea como “ventana”, podemos ver una parte de lo que seguramente encontraremos si entramos a las salas. En este sentido, la idea de “invitación” o de “comunicación” con el adentro vuelve, se nos presenta de nuevo cuando pensamos en la pared exterior. Felkar también interpreta el muro como un espacio que invitaría a ingresar: “Con respecto a intervenir el espacio exterior del MAC, creo que es para darle visibilidad justamente al museo y a su vez a los diferentes creadores locales, cada uno con su propuesta. Es un espacio céntrico y por ello de gran visibilidad y debe ser propuesto siempre para su apropiación.”[7] Aquí se  introduce el problema de la “visibilidad” que anteriormente mencionábamos. Por un lado, visibilidad para el museo mismo, y por otro, para los artistas que realizan las intervenciones. Silvano Venturi agrega la idea de la provocación de sentimientos que puede lograr una obra en un sitio transitado diariamente, la sorpresa que genera el arte fuera de un espacio cerrado; sugiere, entonces, que las intervenciones en la pared exterior persiguen “…la intención de dar un mensaje a nivel masivo, y eso es lo que para mí la pared exterior del MAC representa, entre otras cosas. Podría haber funcionado como una ventana para decir o mostrar algo que mucho no se ve… o la oportunidad de aportar algo, provocar sorpresa… alegrar el día…. no sé… el rato o el trayecto a uno, a diez, o al centenar de personas que pasan por esa cuadra cada hora.”[8]
La pared exterior, por lo tanto, puede estar funcionando como una prolongación de sus salas, como “ventana”, nos anticipa lo que encontraremos si ingresamos al museo, constituye una “invitación” al mismo. Además, dado que las muestras son siempre temporales, el carácter efímero se traspasaría también a la utilización de la pared, en donde las obras duran entre dos o tres meses.
En definitiva, estas intervenciones son arte público mediado institucionalmente, que puede ser considerado de diferentes maneras: como una continuación del espacio interior del museo, como una invitación a ingresar, como una parte más de la ciudad y no tanto de la institución, o como un espacio para que determinados mensajes, grupos o individuos logren visibilidad.
La pared exterior del MAC funcionaría, entonces, como un enlace entre el interior y el exterior del los museos, como una continuación, como una sala más. Sin embargo, la característica especial de estar en un espacio público, la convierte en soporte de otras manifestaciones propias de un arte que se crea por fuera de lo institucional.


El hecho de que se hayan realizado distintas intervenciones anónimas sobre las propuestas por la institución, da cuenta de que el carácter de “público” es inherente al espacio físico en donde la pared se encuentra: la vereda, el “afuera”. En este sentido, este lugar funcionaría más como parte de la ciudad que como parte del museo.

Carolina Montero.-

Este texto se basa en:  Montero, Carolina. “Arte público e instituciones: intervenciones en la pared exterior del Museo de Arte Contemporáneo de Bahía Blanca. (2008 – 2012)”, en Reflexiones entre los dos bicentenarios (2010- 2016). Editorial de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, Buenos Aires, 2013. [isbn 978-987-1785-89-6]
Fue presentado en el 1° Congreso de Arte Público. Facultad de Artes,  Universidad Nacional de Tucumán en octubre de 2012  



[1] Entrevista a Cecilia Miconi. directora de los Museos de Bellas Artes /Arte Contemporáneo de Bahía Blanca. Realizada el 26 /04/2012.

[2] “Esta obra, al exponerla en un espacio público de alguna manera muestra que quien busque este estado tan sano, puro y encantador, debe buscarlo dentro de sí. (…) Me gustó mucho trabajar allí, es un buen espacio para compartir el desarrollo de nuestra profesión, que siempre se va nutriendo de la experiencia y de la interacción… durante todo el tiempo que se emplea en su realización, se está constantemente observado y en muchas oportunidades interactuando con personas que observan, preguntan… y se toman un instante para una reflexión.(…) Se trata de una gran imagen, que no es publicidad, no propone vender ningún producto, sino que por el contrario, brinda un concepto… una idea… algo para llevarse consigo.” Entrevista a Facundo Carrari, realizada el 20 /05 /2012.

[3] Sobre su obra, Silvano Venturi comenta: “Cuando pedí la pared exterior del Mac tenía muy clara la idea de lo que quería pintar, pero un tiempo después, cuando mi turno llegó, ese dibujo ya no me entusiasmaba. Le comenté a un amigo, Pablo Corral, sobre la oportunidad de pintar el mural y nos propusimos hacerlo juntos. Se nos ocurrió simular la pared rota… rajada… y de este modo ver dentro del museo, donde habría un lindo paisaje y mucha vegetación crecida en cada rincón del lugar, mostrando de algún modo, el abandono que padece el museo por parte del estado, y sin embargo siendo un lugar que florece. Mientras bocetaba en mi casa, mi gato se paró en la ventana… le tomé una foto y pensé que sería divertido pintarlo en la pared exterior del MAC, lo más grande posible, que la gente de repente se encuentre con este enorme visitante en la ciudad. Así que por segunda vez el boceto cambió... ahora la idea era hacer un dibujo que, como único fin, intentara despertarle un sonrisa a la gente que pasara por ahí.” Entrevista a Silvano Venturi, realizada el 01/06/2012.

[4] En este caso la propuesta surgió del equipo de los museos. Desde allí se hizo el contacto con la agrupación y se le solicitó el material para realizar la intervención. El objetivo era justamente, que hubiera una relación entre las muestras del museo y la pared exterior.

[5] Entrevista a Cecilia Miconi, directora de los Museos de Bellas Artes /Arte Contemporáneo de Bahía Blanca. Realizada el 26 /04/2012.

[6] Entrevista a Facundo Carrari, realizada el 20 /05 /2012

[7] Entrevista a Francisco Felkar, realizada el 22 /05/2012

[8] Entrevista a Silvano Venturi, realizada el 01/06/2012.