jueves, 26 de septiembre de 2013

Algunas reflexiones en la mitad del proyecto “Cosecha”





















Cumplido un mes del Proyecto Cosecha, el 20 de septiembre se realizó por los museos una recorrida coordinada por Diana Ribas y Agustín Rodriguez. 
Diana Ribas nos acercó este texto para seguir reflexionando a mitad del proyecto.



Varias propuestas artísticas se están desarrollando en el marco del Proyecto Cosecha, organizado por el Museo de Arte Contemporáneo de Bahía Blanca. El carácter público de la institución convocante no es un dato ilustrativo, puesto que si bien los recursos económicos han sido siempre escasos comparados con los que dispone el sector privado, le han permitido concretar objetivos que no están atravesados por intereses lucrativos.
Durante dos meses, las salas son ocupadas para realizar actividades visuales, musicales y literarias e indagar las posibilidades y las limitaciones del museo como institución, de la figura de artista, de las tensiones entre lo procesual y lo objetual, de convivencia y diálogo respetando las diferencias.
En la charla informal que coordinamos con Agustín Rodríguez el 20 de setiembre entre algunos participantes y el público, se fue tejiendo un entramado de preguntas y de respuestas que da cuenta de parte de la pluralidad de conceptos y experiencias con las que es posible aproximarse a lo artístico en la actualidad.


¿Exhibición vs producción?


Si tradicionalmente un museo de arte ha sido una institución destinada a la acumulación, clasificación y mostración de obras, nos encontramos acá con un espacio de trabajo. Los memoriosos dijeron que no es la primera vez: en “Aquí se pinta”, en 1994, el Museo Municipal de Bellas Artes fue transformado durante una semana en un taller en el que no sólo se comunicaban artistas de distintas generaciones entre sí sino que el público podía conversar con ellos.
Es claro que “Cosecha” es fruto de aquel antecedente, pero también que ofrece suficientes diferencias como para no ser una mera continuación.
Se trata de proyectos que, desde el punto de vista etario, podrían ser categorizados como “jóvenes”, no obstante existen matices entre quienes recién se inician y aquellos que ya tienen algunos años de trayectoria. Además, el grupo presenta recorridos heterogéneos, en tanto suma la perspectiva vital de Los Chopen a la mirada extrañada de algunos artistas locales y la de “otros de afuera”. No obstante ello, se advierten afinidades, por ejemplo, entre el interés por la historia bahiense demostrado por Federico y los mitos que nos identifican como una tierra “maldita” recuperados en canciones compuestas por el pampeano Efrén.
Por otra parte, los dos meses de duración de esta propuesta acentúan el carácter procesual de un modo tal que algunos participantes han mudado su taller al museo. Para Belén el traslado de su torno significa tener por primera vez un área “propia” en donde modelar con arcilla de la ría. Para otros, sin embargo, fue muy fuerte exponerse: Juliana sintió que instalarse fue armar una especie de escenografía a partir de la selección de algunos objetos personales. Mientras Magalí pudo encontrar el mejor sitio para sus fotografías en un rincón del patio, Ana y Maxi optaron por dejar una marca permanente que refiera a “La Cholita” en una pared intervenida con la ayuda de Guillermina y compartir la intimidad de su hogar en una charla. La posibilidad de abrir el sitio a la producción ha puesto en evidencia, entonces, situaciones divergentes y, sobre todo, las dificultades de anulación total del modelo exhibitivo característico del museo moderno.
A todos se les alteró la rutina: las charlas entre ellos y con los visitantes los han enriquecido aportando sugerencias, pero también se han vuelto un problema a resolver, tanto para quienes extrañan la introspección solitaria como para quienes, como Magalí, desearían generar más expectativas en los espectadores. A su vez, para Juan Manuel y Mariano, es un lugar adonde vuelven después de sus recorridos para grabar sonidos con los que componer o indagar sobre distintos estímulos sensoriales. Milton, en cambio, suspendió la toma de notas en su libreta al caminar por las calles, al mismo tiempo que tomó conciencia de que en esta especie de “Gran Hermano” estaba construyendo hacia los otros una figura de escritor.
La ausencia de fronteras genéricas señala, además, una actualización. En este sentido, la proximidad no sólo ha potenciado el cruce de técnicas y la experimentación con materiales no convencionales sino que ha modificado, en algunos casos, la operación artística misma. Así, Lorena señala su aprovechamiento de los desechos dejados por Federico, al mismo tiempo que destaca como un aprendizaje haber permitido que Milton pinte en sus soportes de “marco destrozado”. Despojarse del sentimiento de propiedad sobre la obra, del control individual en el proceso de elaboración colectiva, fue comentado asimismo por Ana y Maxi como un logro difícil y positivo en referencia a la edificación comunitaria de su casa de barro.


Aperturas


Falta un mes aún, tiempo suficiente para que este proyecto continúe transformando(se), para que los participantes definan si los productos finales serán expuestos en las salas o en los jardines de Sarmiento 450 o en otros espacios públicos y decidan si será una experiencia “a término” o el comienzo de una red conjunta. Hasta ahora, según lo visto en este “informe de la situación”, provisorio y fragmentario en tanto recupera sólo las voces de algunos, la apertura al diálogo, la reflexión acerca del propio trabajo y del ajeno, constituyen ya una excelente cosecha.



MBA-MAC-Bahía Blanca, agosto/octubre 2013
Diana Ribas, 21 de setiembre de 2013. 



* Galería de imágenes del Proyecto Cosecha en nuestro Pinterest